19 de mayo de 2022 21:15

Edición N° 1691

¿Conocés el origen del hombrecito del semáforo peatonal?

En rojo, con los brazos extendidos, parece detenido; en verde, el hombrecito simula caminar. Es el hombrecito del semáforo llamado por primera vez Ampelmann, que en dos colores constituye el pintoresco símbolo lumínico que invita a cruzar una calle o a esperar sobre la acera.

El Ampelmann (en alemán Ampelmännchen, “hombrecillo del semáforo”) fue creado a principios de los ’60 por el psicólogo especialista en tránsito, Karl Peglau en la extinta Alemania Oriental, que respondía al poder soviético desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Peglau era crítico con el hecho de que los colores habituales de los semáforos (rojo, amarillo y verde) no eran de utilidad para aquellos ciudadanos incapaces de diferenciar los colores (alrededor de un 10 por ciento de la población total) y que los transeúntes reaccionaban más rápidamente a los símbolos atractivos que a las luces en sí mismas.

En un principio, propuso mantener los tres colores, pero introducir formas geométricas intuitivas asociadas con cada color. Basado en esa premisa, realizó una propuesta para rediseñar los semáforos; aunque la iniciativa no pudo ser implementada por su alto costo. Para adoptar esa idea, habría que cambiar todos los semáforos de la ciudad, y no había dinero. Los responsables no lo aceptaron, y pidieron a Peglau otra versión.

Fue ahí que se le ocurrió crear un hombrecito cuyo lenguaje gestual fuera fácilmente comprendido por todos. Esta vez sería solo de dos colores (verde y rojo) ya que el tráfico de peatones no discurre generalmente de forma tan apresurada como el de vehículos.

El toque especial lo dio el sombrerito, que, pese a poder interpretarse como un símbolo burgués, obtuvo la aprobación de las autoridades.

 El dato

Para ser una ciudad que no tenía muchos coches, la Berlín Oriental de pos guerra sufría una epidemia de muertes por atropello. Sólo en la segunda mitad de la década de 1950, 10,000 personas habían muerto por dicha causa. En un país donde cada vez había menos gente, ya que miles de sus ciudadanos huían todos los meses a la mitad de la ciudad ocupada por los aliados no comunistas, los líderes no podían ignorar las cifras. La solución: los responsables de la seguridad vial de Alemania Oriental decidieron tomar cartas en el asunto. Tuvieron la suerte de contar con  Karl Peglau, un psicólogo del tráfico.

El primero fue en 1961

Fue así que en 1961 se colocaron los primeros Ampelmann, que eran simples calcomanías, pero desde 1973 se comenzaron a fabricar los semáforos con el hombrecito del sombrero. Su figura se popularizó al extremo de utilizarse como elemento pedagógico para la educación vial infantil, produciéndose desde tiras cómicas a dibujos animados. El Ampelmännchen rojo aparecía en los momentos peligrosos de la tira y el verde daba consejos.

Las historias animadas del Ampelmännchen suscitaron tal interés internacional que fueron premiadas en el festival checo de filmes de educación vial.

Tras la reunificación de Alemana, fueron retirados de las calles lo que provocó un movimiento reclamando su retorno. El diseñador Markus Heckhausen tuvo la idea de recoger los semáforos con Ampelmann en desuso y hacer con ellos lámparas, con un éxito comercial rotundo.

El Ampelmann se convirtió en una especie de mascota del movimiento nostálgico de la era socialista conocido como Ostalgie.​ La gran cantidad de protestas por su vuelta tuvieron su recompensa y los Ampelmännchen regresaron a los cruces de peatones, incluyendo desde 2005 todos los distritos del antiguo Berlín Occidental con el argumento de que la gente reaccionaba mejor a los Ampelmännchen orientales que a los semáforos occidentales.

En 2004, se inventó el equivalente femenino del Ampelmännchen, la Ampelfrau, que se instaló en algunos semáforos.

Actualmente existen en Alemania tres versiones distintas del Ampelmännchen ya que cada estado federado tiene la potestad de decidir qué versión prefiere usar.

 

 

 

La versión del Ampelmann en la ciudad de La Plata
La versión del Ampelmann en la ciudad de La Plata

Más allá de las diferencias el Ampelman se volvió un ícono popular en Alemania, y se expandió a todo el mundo en las versiones que cada país adoptó. Es un ejemplo de cómo las buenas ideas tienden a perdurar y a extenderse.

 

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